Habíamos sobrevivido a la primera noche en
Ulley. No hay termómetros en la casa ni en el exterior pero si se cumplían los pronósticos que habíamos visto en nuestros teléfonos los días anteriores, llegaríamos hasta los
20ºC bajo cero. A pesar de todo ello, no pasé frío en absoluto durante la noche. Incluso me sobró la bolsa de agua caliente que nos dieron antes de retirarnos a nuestras habitaciones.
Cuando me dispuse a retirar la cortina de la ventana para ver qué día hacía, ésta se encontraba pegada al cristal a través de una fina capa de hielo. No lo podía creer...
Cuando conseguí correr la cortina, un luminoso cielo azul se mostró ante mis ojos anunciando otro espectacular día.
Mis dos compañeros ya se encontraban oteando las montañas en busca de los anhelados gatos a través de sus telescopios, desafiando las bajísimas temperaturas existentes.
El anuncio de que el desayuno estaba listo, fue la excusa perfecta para reunirnos todos en el salón e intentar entrar en calor mientras dábamos buena cuenta del desayuno.